Opositar. ¿A quién se le ocurre?

Desde hace meses empecé a plantearme un cambio de trabajo. No tenía una seguridad laboral y mi trabajo no me permitía conciliar la vida laboral con la familiar. Así que después de hacer cuentas, plantear muchas cosas decidimos opositar. Digo decidimos porque no fue una decisión unilateral, evidentemente. Cuando se es madre, todo lo que te rodea, cuenta; ya sabéis de lo que os hablo.

Bien. La suerte me acompañaba, nada más dejar mi empleo, se convocan unas oposiciones de lo mío. ¡De lo mío!! Parecía que todos los astros se estaban conjugando a mi favor. Nada más lejos de la realidad, como siempre. Lo primero, que para mi especialidad, no había temario específico. Es decir: tenía que currármelo por mi cuenta. Pues nada, manos a la obra. A elaborarme un temario yo solita.

Lo primero: rescatar los apuntes de la carrera. Empiezo a hacer una criba de lo que puede servir y lo que no. Como si fuera deshojando una margarita, pues igual: esto sí, esto no, esto no, esto no, me quiere, no me quiere, no me quiere, no me quiere,…. El desastre lo veía venir de lejos.

Segunda opción…Me voy a Internet. Ahí ya, se masca la tragedia. Porque si más perdida iba, más me perdí entonces. Legislaciones, nuevos métodos, nuevos procedimientos, nuevo de todo. Fue como empezar de cero, pero desde el subcero.

Horas y horas de investigación bibliográfica, de contrastar las fuentes documentales, de leer legislación por un tubo, de seleccionar lo importante, de sesgar las opiniones ajenas… un locurón.

No hay dolor, seguimos.

Porque esa era la parte fácil.

Ahora viene el: “Vamos a buscar espacio y tiempo para estudiar”. (Os oigo reir desde aquí) Genial.

Pero tengo dos churumbeles, de 8 y 10 años. Es decir, los huecos de estudio son cuando ellos no están, o bien ellos están haciendo deberes o durmiendo. Poco más, la verdad. Mientras, hay que sacar tiempo para las comidas, ropas, casa, logística de clases extraescolares y preparación de trabajos y exámenes de cada uno. Porque claro, yo estoy opositando, pero esos chiquillos tendrán que comer, vestirse y vivir la vida con normalidad.

Total, que restando todo ese tiempo dedicado a mis satélites y obligaciones aledañas, el tiempo real es escaso. Pero el truco es organizarse: buscar huecos muertos, acostarse tarde, levantarse temprano y nunca, nunca rendirse. ¿Y cómo consigo eso? Pues nunca olvidando el por qué lo haces, la meta a conseguir y todo lo que has sacrificado para poder lograrlo. No hay otra fórmula.

Sé que juego con desventaja, que el tiempo no está a mi favor, que no cuento con las mismas facilidades que cuando exclusivamente te dedicas a opositar, puedes tener. Pero ¿sabéis? Lo voy a lograr. Una plaza va a ser mía, porque sólo necesito una. Las demás, para los demás.

En fin…os iré contando… voy al lío …

 

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