Fortnite ¿Aliado o Enemigo?

Y empieza el viaje hacia «Nunca Jamás»…

Ya termina el «Cole» y toca zamparse a los niños 24 horas al día, sin horarios, sin planes y sin tiempo. Las más afortunadas tendrán vacaciones, corrijo, las más DESAFORTUNADAS, porque realmente, si se tiene hijos, una no descansa nunca. Ni a tiros. Ni por casualidad.

Atrás quedaron los veranos relajantes donde una podía dormir hasta hartarse y hacer lo que le viniera en gana. ADIÓS, BYE, CIAO, forever…ahora toca seguir funcionando a pleno rendimiento, eso es así. PORQUE ELLOS NO PERDONAN, no, creo que incluso se vuelven más crueles. Más demandantes. Más de TODO.

Y de lejos, se puede ver un pequeño «aliado«. A primera vista parece un enemigo hostil, pero lo cierto es que cuando lo usan, a los niños NO SE LES OYE.

¿Milagro? NO.

Es el FORTNITE.

Para las que no tenéis a vuestro cargo pequeños diablos en forma de niños, tal vez os suene a chino. Para las que tenemos esbirros de Satanás correteando por la casa, ya sea en forma de hijo, sobrino o nieto, el FORTNITE es música celestial. Se trata de un videojuego gratuito, que los peques juegan online, y creedme, es realmente adictivo. Se conectan los cascos e voilà YA NO HAY NIÑOS.

No puedo llegar a entender como algo tan simple como un juego de escuadrones, que simplemente consiste en dar tiros a diestro y siniestro, cuyo objetivo final es cargártelos a todos y quedar tú como único superviviente.

MUY PEDAGÓGICO, SÍ. Y como están conectados online, los niños interaccionan a voces con frases de la sutileza siguiente: «Tío, cúbreme que me matan» «Socio, dame munición que no me queda» «Acabo de hacer un kill, soy el puto amo». Omito otras lindezas, no quiero herir vuestra sensibilidad.

Y mientras te cuestionas el futuro de la salud mental de tus cachorros, te documentas conciezudamente en la web de las posibles consecuencias a corto y largo plazo de ese juego en la mente de tu hijo, en pleno desarrollo, en fase esponja (donde todo se absorve y queda para la eternidad), te planteas lo desastre de madre que eres, que antepones tu tranquilidad a quitarles de las manos los mandos del juego y ponerlos a leer, o en su defecto, a hacer algo constructivo.

Pero es que están tan monos sin llamarte, sin molestar, sólo cuando la conexión de internet falla «Mamaaaaaaa, se me ha ruteado, el juego se bugueaaaaaaa», y lo arreglas, y listo, puedes seguir funcionando. SEGUIR VIVIENDO.

Sería ideal ¿Verdad?, pues eso no se puede hacer. NUNCA, JAMÁS, NEVER.  Bueno, lo podéis hacer si el día de mañana queréis tener hijos inseguros, asociales y mentalmente deprimidos. Esta modalidad de juego limita las relaciones sociales, es decir, los Menores no interaccionan de manera saludable, cara a cara, por lo que sus habilidades de relacionarse con sus iguales se verán mermadas y se construirán de manera distorsionada.

No es lo mismo gritarse por los cascos que decir lo mismo cara a cara, con lo cuál, esa destreza de relación la adquirirán limitadamente. y creedme, se gritan, y mucho.

Por otro lado, el ejercicio físico que realizan es nulo. Pulgares y cuerdas vocales, poco más. En plena edad de crecimiento físico no hay que ser Pediatra para saber que los niños deben moverse y cuanto más, mejor. Hay que menear el «body» si queréis crecer, enanos.

Además, está ausente demora de recompensa y tolerancia a la frustración. MAL.  Si les matan, reinician el juego, INMEDIATAMENTE. No aprenden ni a esperar ni aprenden a saber perder, porque siempre pueden volver a empezar, PERO OJO, volver a empezar para volver a MATAR. Lo que nos lleva a la empatía hacia el otro.

¿Qué clase de personas socialmente justas estamos criando si su principal objetivo, día tras día, es darle a un botón y MATAR?

Definitivamente, el juego de moda es un aliado a corto plazo, pero un ENEMIGO TEMIBLE a la larga, para ellos y para todos.

Por cierto, hace rato que no les oigo, voy a ver qué hacen…

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