Conciliación ¿Eso qué es?

Pues yo no concilio, no, no puedo, para mí es imposible. Trabajo a turnos y muchas veces me quedo después de que termine mi jornada porque, claro, si tengo a alguien llorando o en plena crisis, no le puedo decir: -Mira, deja de liarla, que yo me tengo que ir, que ya estoy perdiendo dinero-. No, yo no puedo, porque trabajo con personas y cuando trabajas con personas tienes un riesgo muy grande: al final, te terminan importando.

Y tampoco estoy por la labor de dejarle el marrón al turno entrante, al igual que no me gusta que me lo hagan a mí, pero eso es otro tema.

Al incorporarme a mi puesto de trabajo, solicité un cambio de categoría donde mi disponibilidad fuera menor. Sinceramente, disfruté con el cambio porque volví “a las trincheras”, al trabajo directo, con lo yo disfrutaba realmente. Económica y jerárquicamente me ví mermada pero gané en calidad de vida y en calidad de tiempo para mi progenie. Tuve mi segundo retoño y proseguí con mi vida, tranquila, sosegada y organizada.

Y de nuevo un ascenso (vaya por diós) ¿alegrarme? Claro, de nuevo volvería donde estaba, incluso más alto y cobrando más, pero…estaba la disponibilidad, cachis en la mar. Me ofrecieron probar, con posibilidad de volver a mi pequeño refugio siempre que quisiera. Acepté, sí, qué mala soy, pero ya con dos nenes en casa, lo necesitaba económicamente y porqué no decirlo, me alagaba que me necesitaran en las altas esferas.

Y entonces llegó la ecatombe… no había manera de conciliar. A mis nenes el cambio les sentó fatal. No entendían que mamá nunca pudiera ni llevarlos ni recogerlos del cole, ni de las clases extraescolares, ni tan siquiera ir a verlos al partido de fútbol de los sábados. Llegaba tan cansada que hacer los deberes con ellos era como subir el Tourmalet y apenas tenía tiempo para charlar con ellos de lo que les preocupaba o ilusionaba. Sabía que no íbamos bien, de eso estaba segura. Pero albergaba la esperanza de que con el tiempo, me podría organizar y podría paliar todas esas carencias que tenía. Pero qué va, iba a peor; llegaron a decirme: -Mamá, tú quieres más a los niñxs de tu centro más que a nosotros, pasas todo el día con ellos- El grande soltó un día: -Voy a portarme fatal para que el Juez me meta en el Centro, así estaré más contigo-.

Ahí me remataron… y con razón.

Así que, decidí volver a lo sencillo, a lo que puedo manejar, y dejar mis expectativas laborales aparcadas por un tiempo. Creo que todo lo que me pierda ahora, no lo voy a recuperar y todo lo que viva con mis hijos nos lo vamos a llevar en el corazón. Y eso, no tiene comparación ni con el mejor trabajo del mundo y mira que el mío me apasiona.

Decidí ser madre para criarlos, no para pagar a niñeras para que lo hicieran por mí. Y si eso supone adaptarme a mis circunstancias, pues tendré que hacerlo, qué remedio me queda.

Pero me siento satisfecha, realizada en todos los sentidos. Y si el día de mañana, cuando ellos echen a volar, puedo volver a aspirar a una mejora laboral, lo intentaré ¿Por qué no?

 

 

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